Hoy en nuestro blog viajamos al sur con una joya de nuestra gastronomía: las tortillitas de camarones. Pero antes de encender la sartén, vamos a resolver esa duda que siempre nos planteáis: ¿en qué se diferencian exactamente las gambas y los camarones?
Aunque a simple vista en la sartén todo nos parece delicioso, ambos mariscos pertenecen a familias distintas y presentan características muy diferentes.
El camarón (Palaemon serratus y otras especies similares) es bastante más pequeño, alcanzando habitualmente entre 3 y 6 cm. Además, su cuerpo es más cilíndrico y curvado.
La gamba (como la gamba blanca o la gamba roja) suele medir entre 8 y 15 cm y presenta una anatomía más estilizada.
En vivo y en crudo, el camarón es casi translúcido, con pequeñas franjas marrones o grises. Al cocerse o freírse adquiere un tono anaranjado suave.
La gamba, en cambio, luce un color rosa blanquecino o rojo anaranjado mucho más uniforme e intenso.
El camarón tiene un rostro prominente y dentado y una cáscara muy fina y suave. Por eso, en preparaciones como la tortillita, se consume entero, con cabeza y piel, aportando un crujiente sabroso e inconfundible.
Las gambas, por el contrario, tienen una cáscara más dura que generalmente se retira antes de consumirlas.
En nuestra tienda encontrarás los camarones en su punto óptimo de ultracongelación, listos para descongelar en unos minutos y conservar toda su frescura.
El secreto de una buena tortillita gaditana está en conseguir una textura fina, con efecto encaje y extremadamente crujiente, sin que resulte aceitosa ni apelmazada.
El truco del chef: El contraste entre la masa muy fría y el aceite bien caliente es el responsable de crear esas burbujas y bordes finos y crujientes que hacen irresistibles las auténticas tortillitas de camarones.
¿Te animas a preparar esta receta el próximo fin de semana? Pásate por nuestra tienda o añade los camarones a tu próxima compra de congelados para tener siempre a mano el auténtico sabor del mar con la máxima calidad.