Si hay un rey indiscutible en el congelador que pone de acuerdo a las familias que cocinan a diario y a los chefs que diseñan la carta de un restaurante, ese es el calamar patagónico (Doryteuthis gahi).
Este cefalópodo, capturado en las gélidas y limpias aguas del Atlántico Sur, es considerado un producto premium por una razón muy sencilla: su textura es excepcionalmente tierna y su sabor suave enamora a cualquier paladar.
Pero más allá de su origen, la verdadera magia del calamar patagónico congelado radica en sus posibilidades culinarias. Gracias a la ultracongelación en alta mar, mantiene intactas sus propiedades nutricionales —es una excelente fuente de proteínas de alta calidad y muy bajo en grasas— y está disponible durante todo el año.
Ahora bien, a la hora de comprarlo surge la gran pregunta: ¿lo elijo con piel o sin piel? La respuesta depende totalmente de lo que busques en la cocina.
Para los amantes de la cocina con carácter, el calamar con piel es una elección perfecta. Mantener la piel durante la cocción no solo aporta un color rojizo muy atractivo al plato, sino que también intensifica ese sabor a mar tan característico.
Es ideal para preparar guisos de calamares con patatas, arroces marineros o unos tradicionales calamares en su tinta, recetas que ganan profundidad y personalidad cuando conservan la piel.
Es el favorito para elaborar el clásico calamar a la plancha o a la rústica. Al dorarse con aceite de oliva, ajo y perejil, la piel se tuesta ligeramente, aportando una textura exterior muy agradable y un aroma que conquista a los clientes desde el primer momento.
Si buscas rapidez, comodidad y una presentación impecable, el calamar patagónico limpio y sin piel es tu mejor aliado. Al venir ya pelado, elimina uno de los pasos más laboriosos de la preparación.
Es perfecto para resolver cenas rápidas y saludables. Solo tienes que trocearlo para utilizarlo en salteados al wok con verduras, arroces exprés o fideuás. Su textura tierna lo convierte además en una opción muy apreciada por los más pequeños de la casa.
En las cocinas profesionales, donde cada minuto cuenta, el calamar sin piel ofrece un rendimiento del 100 %, sin desperdicios, y reduce significativamente los tiempos de preparación.
Es una excelente elección para elaborar raciones de calamares a la romana o a la andaluza, ya que el rebozado se adhiere mejor a la carne limpia, consiguiendo una cobertura más uniforme, crujiente y apetecible.
Para que el calamar patagónico quede extremadamente tierno, existe una regla muy sencilla:
Las cocciones intermedias suelen endurecer la carne y provocar esa textura gomosa que nadie desea encontrar en el plato.
Tanto para las familias que buscan resolver la cena en pocos minutos con un producto saludable, como para bares y restaurantes que desean ofrecer raciones consistentes y llenas de sabor, el calamar patagónico se ha convertido en una opción imprescindible.
Su versatilidad, calidad y facilidad de preparación lo convierten en uno de los productos más apreciados del congelador.
¡Hazle un hueco en tu congelador y descubre todas las posibilidades que ofrecen sus dos versiones!